Las emociones y la educación: el recuento de los daños ante el CoVID-19

Las emociones y la educación: el recuento de los daños ante el CoVID-19

Dora del Carmen Yautentzi Díaz

 

Hemos sido testigos desde finales de 2019 de un fenómeno clínico presente en el continente asiático; en ese momento parecía tan lejano de nosotros que apenas pudimos sentir asombro en febrero de este año cuando se informó a la sociedad mexicana que teníamos en el país al primer diagnosticado por SARS CoVID-19. Ante las respuestas emergentes dirigidas por el Gobierno Federal se llama a la población a dar comienzo a la Jornada Nacional de Sana Distancia y al Plan DN-III-E donde se cancelan las clases presenciales en todos los niveles educativos, se llama a la protección a los adultos mayores, se procede a la cancelación de las actividades sociales no esenciales y se llama al confinamiento domiciliario con la finalidad de evitar contagios y exponer a aquellos sectores sociales vulnerables.

No podemos negar el nivel de alarma clínica que este evento representa, sin embargo, todo parece señalar que estamos frente a una pandemia social con altos costos demográficos, biológicos, económicos y sin duda educativos.

De un momento a otro, el entorno de la relación docente-estudiante pasó abruptamente a tener de por medio un entorno virtual y el espacio (el escenario según Goffman) quedó cautivo en un teléfono celular o un dispositivo electrónico. Se nos indicó con premura y emergencia en todos los niveles educativos a aquellos que nos encontramos frente a un grupo de estudiantes, que debíamos planear el resto del curso en modalidad a distancia y proceder a la evaluación de la misma forma.

Hemos realizado, algunos con mayor éxito que otros claro está, un despliegue de recursos académicos, técnicos y humanos para dar resultados ante lo emergente pero poco se ha pensado o sensibilizado (aunque existen honrosas excepciones) sobre las emociones de padres de familia, estudiantes y profesores.

¿Es importante hablar de esto? ¡Por supuesto! En algún momento de la infancia el niño comienza su vida académica de la mano de las emociones: llanto o curiosidad, el primer día de clases de todo pequeños resulta un viaje de emociones sin final, perder el contacto por un momento con el hogar y trascender al círculo social de la escuela puede ser un legado de dicha o de frustración. La conformación de los grupos sociales: estudiantes, profesores y padres de familia son rasgos que un pequeño aprende a conocer y a analizar desde sus primeros años escolares.

Los padres de familia experimentan también una serie de emociones durante la trayectoria escolar de sus hijos: los eventos cíclicos al inicio y cierre del ciclo escolar, los festivales y aquellos rituales que acompañan la vida escolar de toda persona y que le dotan de significado y apego han quedado confinados de manera abrupta al espacio de su hogar. No hubo un festejo de primavera, del día del niño, del día de la madre o graduaciones en este momento.

Los profesores han encontrado un choque catastrófico al ser llamados de la noche a la mañana diseñadores de contenidos curriculares a distancia, evaluadores y gestores de recursos digitales para el aprendizaje con escasa (tal vez apropiada o adecuada los menos) y tristemente un gran sector nula formación al respecto.

Insisto: ¿por qué hablar de emociones? Le diré que una proyección de antropólogos y científicos sociales que he monitoreado en diversos escenarios académicos (ENAH, UNAM, UAM, CIESAS, por mencionar algunos) concuerdan en los cambios conductuales y las eventuales manifestaciones psicológicas que serán resultado de este confinamiento y la carga de trabajo en casa (nombrada home office) que ha rebasado los escenarios prospectivos más allá de nuestra capacidad.

Me di a la tarea de hacer un intento de rastreo etnográfico, guardando los rigores del confinamiento domiciliario, pero aprovechando los espacios virtuales y los menos físicos donde pude interactuar con vecinos y conocidos para conocer el sentimiento de algunos de los actores sociales de la educación: estudiantes, profesores y padres de familia. Por economía del espacio no transcribo los extractos de sus narraciones, pero sin duda los hallará clarificadores.  Usted amigo lector probablemente ya haya experimentado trastornos del sueño, ansiedad, pérdida del control de los días transcurridos, aburrimiento, angustia, temor, cansancio, enojo, tristeza, cambio de los ciclos y horarios de alimentación, tensión familiar o algún otro estado similar.

Imagine ahora todas esas emociones y añada usted el estrés:

  1. Para el estudiante:
    1. Horarios: esta manifestación es tremenda cuando demandamos horas frente a la computadora pretendiendo cumplir con el horario de clase (en algunos casos los estudiantes de nivel medio superior y superior pasan frente a la pantalla más de seis horas diarias más otras seis realizando tareas, incluso comenzando a las siete de la mañana ¡hágame favor!),
    2. Asignación de productos de aprendizaje: tareas o actividades sin sentido, en educación básica pretendiendo que tienen un padre de familia en casa para supervisar o apoyar al estudiante, sin considerar: nivel educativo del padre o madre, si son hogares uniparentales donde tienen que salir a trabajar de tiempo completo pese al confinamiento.
    3. Recursos para la educación: Consideramos aquí a esas familias donde los padres han tenido que recurrir al empeño de sus bienes para continuar alimentándose si cuentan con equipo de cómputo o redes de comunicación para cumplir con las tareas, si son hogares con tensiones familiares o si viven en condiciones de hacinamiento, o si tienen enfermos en casa.
  2. Para los profesores:
    1. Diseñadores y evaluadores de contenidos en línea: De un momento a otro pasamos de docentes (normalistas o universitarios) a figuras de asesoramiento en modo virtual. Ventajas desde luego para los docentes con formación en pedagogía y ciencias de la educación, pero no para aquellos que buscaban abrirse paso entre corrientes pedagógicas y ejercicios didácticos con el ánimo de enseñar.
    2. Incertidumbre de la figura docente: Ante la eventual diversificación de la figura del docente (capacitador, experto, mentor, diseñador de contenidos y evaluador) la ansiedad y el estrés por continuar una tarea de forma integral demanda grandes cargas de trabajo, y frustración en muchos casos para quienes además se encuentran poco familiarizados con el entorno de las TIC´s.
    3. Doble y hasta triple jornada laboral: Existen profesores que trabajan en dos o tres planteles como una exigencia ante las condiciones económicas, a esto añada usted que atiendan a un promedio de dos grupos por institución con un promedio de 30 estudiantes cada uno. Ahora sume la jornada de actividades del hogar como limpieza, preparación de alimentos, cuidado de la ropa, atención de niños pequeños, atención de los hijos, sobre todo niños y jóvenes en edad escolar. Y ahora también pensemos en aquellos profesores que además se encuentran estudiando un posgrado y que tienen que cumplir con reportes de lectura, elaboración de proyectos de investigación y demás productos académicos.
  3. Para los padres de familia:
    1. Recursos económicos: La gravedad de esta pandemia se vislumbra cada vez con mayor fuerza. Muchos sectores de la sociedad pese al miedo por contagio decidieron mantenerse en los espacios públicos como un medio por obtener recursos y poder subsanar las necesidades primordiales de sus familias. Derivado de esta idea se encuentran limitados de dos aspectos esenciales: tiempo para el acompañamiento del estudiante en casa (sobre todo si es un estudiante de nivel básico); recursos para la educación digital (no cuentan con computadora en casa o línea de internet).
    2. Doble o triple jornada de trabajo: Comparten junto con los profesores el grupo de responsabilidades laborales que demandan tiempo fuera de casa, más las actividades del hogar y responsabilidades del cuidado y acompañamiento de los hijos.
    3. Recursos académicos y digitales fuera del alcance: Muchas veces (sobre todo en el sector básico) el padre de familia o tutor no cuenta con una escolaridad que pueda respaldar o apoyar el acompañamiento académico de sus hijos, a esto añada usted que las redes digitales de información muchas veces no son familiares para ellos y esto es un abono para la ya de por si conflictiva tarea de acompañamiento en el aprendizaje.
    4. Consideraciones especiales: Si a esto sumamos la existencia de un familiar enfermo, los niveles de estrés y agotamiento mental se disparan de manera exponencial.

Byung Chul Han advertía en La sociedad del cansancio que el comienzo del siglo XXI traería consigo una pandemia neuronal, depresiones, trastornos por déficit de atención con hiperactividad, trastorno límite de la personalidad o el síndrome de desgaste ocupacional definirían el panorama patológico de las sociedades modernas. Entre los discursos sociales seguramente usted y yo hemos advertido que nada de lo burdamente trabajado en estas líneas le es ajeno. No existe un discurso que nos aliente o nos garantice que en este atropellado ciclo escolar existirá un avance programático o que realmente hemos hecho un buen trabajo en la educación a distancia. Pero no todo está perdido, hemos aprendido a reconocer la importancia de la educación presencial, a extrañarla, en consecuencia, a valorarla. Hemos reconocido muchos de nosotros lo esencial que es ver a la cara a nuestro interlocutor y a manera de subjetividad, a reconocer su olor, su presencia, su estado de ánimo y su mirada.

Sea este el corolario a manera de conclusión y le recuerdo que el objetivo de estas líneas es establecer un panorama que nos invite a la reflexión sentida y a mirar que más allá de lo visible, subyacen razones para repensar la educación en tiempos de confinamiento.

Hago votos porque usted se encuentre seguro en casa con techo y comida garantizada, porque tenga el ánimo de aprender cada día algo nuevo, a reconocer en su casa un lugar seguro y a transitar por el valle de las emociones de forma estoica e impoluta. Sobre todo, deseo salud en su vida y un reinicio de vida con emociones sanas que nos permitan aprender y proseguir con nuestra vida cotidiana.

Dora del Carmen Yautentzi Díaz
 
Maestra en Ciencias Sociales, Profesora de Tiempo Completo adscrita a la Facultad de Ciencias de la Educación. (UATx). Estudiante del Doctorado en Estudios Territoriales (CIISDER UATx). Líneas de investigación: Cultura y Educación. 
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