Las Principales

ALDEA POTEMKIN – “Aquí, como en las carreras de caballos; a buen fin, no hay mal principio“

Israel Torres Hernández

“Morir en el golfo” (1985) personificó el advenimiento del contexto tecnócrata en México. El escritor y periodista Héctor Aguilar Camín(Chetumal, Quintana Roo, 1946), desarrolló esta trama que mezcla la corrupción velada, los dobles juegos de la intimidad, las negociaciones institucionales y la violencia por la tierra a través de la participación de un columnista en una serie de problemas en Veracruz entre 1976-1980. A la par de otros textos interesantes como “La frontera nómada. Sonora y la Revolución Mexicana” (1977) y “La guerra de Galio” (1991), que le dieron reputación alta en el ambiente intelectual, esta vez ubicó a la prensa escrita como el núcleo para desentrañar la realidad nacional ubicada en los regímenes de Luis Echeverría y José López Portillo.

A continuación estas líneas acerca de lo periodístico, lo político y lo privado representados por los protagonistas del libro.

       “El buen reportero tiene que adormecer y dominar los nervios y la sensibilidad, no matarlos”. Lázaro “Lacho” Herón Pizarro, el cacique e hijo predilecto de Poza Rica, jefe regional del sindicato petrolero desde los años cincuenta, quien repartía cargos burocráticos y apaciguaba voluntades personales y políticas, la ranchería de Pueblo Viejo llevó su nombre, apareció como el antagonista de la narración. Y cuando pidió entrevistarse con el periodista, porque su columna “Vida pública” lo involucraba en varias muertes, supo enfrentarlo con atingencia porque era un líder de opinión nacional. “Pizarro es sobre todo un político, no un matón”, frase corroborada tiempo después.

       “Los periódicos con el sismógrafo del Estado. Y los columnistas, los sismólogos”. Para cualquier integrante de los medios de comunicación es prioritario el respaldo de fuentes confiables, en este caso la Secretaría de Gobernación. Y para el sentido institucional, la prensa es un buen aliado en cierta medida. Relación muy conveniente. A medida que los acontecimientos suben de tono, asesinatos y las supuestas pruebas fotográficas, el contacto del periodista, quien sólo es señalado como “paisano”, le advirtió de los peligros de creer las apariencias de los inmiscuidos y confiarse de ellas. Aparte de supervisar estos asuntos para ocultar otros de alcance mayor (el petróleo). “Mi tarea es la tranquilidad pública” tal cual le confesó.

       “Porque sin lealtad no hay nada de los otro. Puedes ser malagradecido, pero no desdeal”. Anabela Guillaumín, esposa del presidente municipal de Chicontepec (Francisco Rojano), madre de los niños Francisco y Mercedes, dueña de hectáreas valiosas en Veracruz, amiga y amante del periodista, movió los conflictos para su beneficio hasta irse a los Ángeles, California, con la vida resuelta y una gran chequera. Su deseo de venganza, por el linchamiento de su marido, le hizo ocultar las apariencias. “El que sabe sumar, sabe dividir”, idea que se encargó de aplicar para ocultarse.

Por último, “Morir en el golfo” mostró cómo la tierra es motivo de riqueza y crimen. El periodista, de quien sólo es dicho su apodo (“El Negro”), ser nativo de Coscomatepec y su santo era el 24 de agosto, a la par que investigaba los sucesos en Veracruz también supo de los contratos de PEMEX por el boom petrolero, el ingreso de México al GATT, la corrupción de la policía capitalina y de Joaquín Hernández Galicia “La Quina”. Es decir, el ascenso de los tecnócratas, principio del fin para la sociedad del siglo XX. Por eso, la columna “Vida pública” es fuente obligatoria de consulta en Aldea Potemkin.

Autor: Israel Torres Hernández